San Valentín ¿y por qué no?

San Valentín ¿y por qué no?

“Madre mía, menudo día”, pensaba Bea mientras cogía el coche de camino a casa. Un 14 de febrero más, se había pasado el día de arriba abajo entrevistando enamorados para los informativos de las tres y, unos cuantos más, para los programas de la tarde. Le dolían los pies de andar por Gran Vía, grabadora en mano, haciendo la típica pregunta de: “¿y tú que le has comprado a tu pareja por San Valentín?”. Se alegraba de que, por fin, hubiera acabado su turno y pudiera irse a casa a descansar. Ella no era muy de San Valentín, pero no porque no estuviera enamorada. Hacía dos años que compartía su vida con Juancar y sabía que era el amor de su vida, sin embargo, estaba convencida, como muchos otros, de que era un día absurdo, solo para consumir.

Le quedaban unos minutos para llegar a Plaza de Castilla, donde vivía con Juancar, cuando comenzó el programa deportivo de su emisora. Aquella noche había partido de fútbol y quedaba menos de media hora para que empezase. “Seguro que no ha sido capaz de ir a por el pan para cenar”, dijo entre dientes con la seguridad de que Juancar estaría sentado frente a la tele con una cerveza, patatas fritas y sin preocuparse de nada más.

Giró antes de llegar al intercambiador para ir rápidamente al supermercado. Aparcó en un minúsculo sitio, puso el ticket de la hora y entró. Se quedó horrorizada al ver como las cajas registradores, el techo y todos los rincones del super estaban decorados con corazoncitos rojos y pequeños ‘cupidos’. Se sentía intimidada bajo la mirada de aquellos angelitos que le apuntaban con su flecha con la punta en forma de corazón.

Tras pasar los tornos giró a la derecha para ir a la panadería, pidió una barra de picos, su preferida, y echó un ojo al resto de dulces. Había unas napolitanas de chocolate con una pinta estupenda, así que pidió un par de ellas. Antes de ir a pagar recordó que ya no quedaban cereales para el desayuno, cruzó el supermercado hasta llegar a la zona correcta y cuando giró, un rostro conocido le llamó la atención: era Juancar. Antes de que le viera se escondió detrás del primer estante del pasillo, inclinó la cabeza y le miró con curiosidad. “¿Qué está haciendo?”, se preguntó intrigada. Juancar sostenía tres cajas distintas de bombones y miraba otras tantas que había colocado en orden en el estante. Parecía indeciso. A Bea todo aquello le resultó muy extraño, así que salió de su escondite y se dirigió a él.

–          Hola cariño, ¿qué haces?

–          Anda, ¡hola! – exclamó Juancar sorprendido mientras intentaba deshacerse de las cajas de bombones que tenía entre las manos – pues nada aquí comprando… he venido a por el pan – mintió.

–          Ah…ya veo – contestó Bea sin creerse nada de lo que le decía

Juancar era consciente de que su novia le había pillado con las manos en la masa, bueno, más bien en los bombones, y viendo que su novia no estaba convencida con la explicación, se confesó:

–          Bea, en realidad no he venido a por el pan, la verdad es que me has pillado comprándote una caja de bombones. Llevo aquí veinte minutos intentando decidir entre los de chocolate negro, los rellenos de naranja o unos variados.

–          ¿ Y por qué quieres comprarme bombones? – preguntó ¿no será por San Valentín, verdad?

Bea le miró fijamente a la espera de una respuesta y al no recibir contestación sus ojos empezaron a abrirse como platos.

–          ¡No me lo puedo creer! – exclamó sin dar crédito – sabes que no me gusta San Valentín y que nunca lo celebramos, cualquier otro día del año es mejor que hoy.

–          Lo sé Bea, lo sé. Me lo dijiste desde el primer día que nos conocimos, pero este año me apetecía regalarte algo, no por nada en especial y cómo ves son unos simples bombones – se justificó para que ella no se enfadara, pero en lugar de dejarlo ahí continuó hablando – Sé que no te gusta este día, pero ¿por qué no recordarte hoy que te quiero con locura?, ¿por qué no decirte que soy mejor persona desde que estoy contigo?. Y ¿por qué no regalarte unos bombones para mirarte mientras disfrutas comiéndote cada uno de ellos como si fueras una niña pequeña? Hoy es un día más en el calendario, un día cualquiera, pero concretamente es el día de los enamorados y yo quiero celebrar que estoy enamorado…de ti.

Este cuento es una pequeña reflexión personal de este Día de los Enamorados. A nosotros nos parece importante que en el calendario del mundo haya un día dedicado en exclusiva al amor, un bien intangible que procede de las personas, un bien que muchos desean, que pocos poseen y que los afortunados que disfrutan de él, guardan como un tesoro. Si eres uno de los afortunados, os animamos a que celebréis este día, sea como sea, no hace falta comprar nada: un beso, un abrazo y una mirada pueden ser el mejor regalo^^.

(Texto: Bárbara Cervigón/Ilustración: Isabel Muñoz Gutiérrez)

2 Comments
  • Alba

    febrero 14, 2013 at 8:45 am

    Cuanta verdad Bárbara!! A mi me encanta este día lleno de amor, aunque todos los días pueden convertirse en especiales, pero es importante dedicar uno en especial a esa persona que te complementa, que te hace reír, que te hace soñar,… Aquella persona a la que amas.
    Gracias por regalarnos historias tan bonitas!! Muack.

    • cuentosdeboda

      febrero 14, 2013 at 9:01 am

      Gracias Alba! Creo que es importante celebrar las cosas buenas que tenemos y cuando uno esta enamorado, HAY QUE CELEBRARLO!!