Un día perfecto en Chinchón

Un día perfecto en Chinchón

El reloj marcaba las diez de la mañana. Era domingo y por las ventanas entraba el aire fresco de la primavera. Elena y David estaban remoloneando en la cama. Todavía era pronto para levantarse. David fue a la cocina. Cinco minutos después apareció en la habitación con el desayuno: huevos con bacón, café y un Cola Cao para Elena.

A Elena le encantaban los desayunos en la cama pero le gustaba todavía más cuando su chico se levantaba a las siete de la mañana entre semana solo para hacerle su Cola Cao calentito antes de irse a trabajar.

Al ver entrar a David con la bandeja, Elena sonrió. “Gracias rubio, como me gustan tus desayunos”, le dijo cariñosamente. Sujetó la bandeja para que su chico pudiera meterse en la cama y mientras la sostenía vio algo que le llamó la atención.

–         ¿Quieres que te gane otra vez? – le advirtió con una carcajada de mala de película.

–         Quiero la revancha. Después de desayunar te voy a ganar seguro – contestó David mientras colocaba la almohada.

Al lado del café, David había colocado una baraja de cartas. Una de las cosas que más les divertía hacer cuando estaban solos era jugar al chinchón. Se picaban muchísimo, pero al que peor le sentaba era a David. Elena siempre hacía “chinchón” y él perdía. “Nunca más voy a jugar contigo a este juego”, le decía cada vez que le derrotaba. Pero a la media hora volvía. “Quiero la revancha”, pedía.

Estaban acabando el último bocado de huevos con bacon cuando a Elena se le ocurrió una idea.

–         Sería divertido ir a Chinchón para jugar al chinchón

–         ¿En serio? – dijo David entre risas.

–         Sí. Cogemos el coche y pasamos el día allí.

–         Ah, ¿pero que lo estás diciendo de verdad? – se sorprendió.

–         ¡Pues claro!

David no tuvo que pensarlo mucho. Terminaron de desayunar, se vistieron y salieron por la puerta. Su próximo destino: Chinchón. No tardaron mucho en llegar. Aparcaron se dirigieron al centro de Chinchón y en la primera terracita que vieron se sentaron.

–         ¿Qué desean tomar? – peguntó el camarero.

–         Tráiganos dos copas de anís de Chinchón – pidió David rápidamente sin dar opción a que Elena pidiese nada.

Ella se quedó mirándole fijamente.

–         Pero que son las doce de la mañana – le regañó.

–         Has sido tú la que ha dicho que quería venir a Chinchón a jugar al chinchón. Pues esto hay que rematarlo y bebernos un ‘chinchoncito’. A ver si emborrachándote un poco te gano.

Elena comenzó a reírse a carcajadas y sacó de su bolso la baraja de cartas.

–         Pues empecemos el juego – le retó.

El tiempo pasó volando. Cuando volvieron a mirar el reloj, eran ya las ocho de la tarde. Había sido un día perfecto y divertido en Chinchón. Eso sí, David solo consiguió vencer a Elena un par de veces. Tenía que reconocer que su chica era: ‘La Reina del Chinchón’.

Gracias Elena por cotarnos esta divertida historia!! Nos hemos reído muchísimo haciéndola para vosotros ;).

¿Tienes una historia y quieres que forme parte de nuestr “biblioteca de cuentos”? Pues escríbenos a blog@cuentosdeboda.com.

(Texto: Bárbara Cervigón/Ilustración: Enrique U. Schiaffino)

2 Comments
  • Delgraphica

    agosto 30, 2012 at 10:16 am

    Preciosa historia, un gran día hecho a partir de pequeñas cosas.

    • cuentosdeboda

      agosto 30, 2012 at 12:59 pm

      Completamente de acuerdo, al final la vida se compone de pequeños detalles. Gracias por tu comentario 🙂