Una carrera de fondo llamada amor

Una carrera de fondo llamada amor

Pepa estaba cenando en casa con sus padres. Esa sería su última cena con toda su familia antes de dar el gran paso. En pocas horas pronunciaría el esperado “sí, quiero” que le uniría a su “manzanita”. Ese era el apodo cariñoso que le había puesto a Carlos, su amigo de la niñez, novio y ahora futuro esposo, que era de tez pálida pero siempre tenía unos coloretes muy graciosos.

Pepa estaba nerviosa. No quería olvidarse de todas las cosas que tenía que decirle a Carlos durante la ceremonia. Pero había una palabra que le aterraba: fidelidad. No paraba de repetirla una y otra vez. “De tanto ensayar al final te vas a equivocar”, le decían sus hermanas.

Mientras, Carlos continuaba encerrado en su futura casa. Había todavía muchas cosas por hacer. Tenía que meter muebles, arreglar enchufes y organizar las cosas de su futuro hogar. Iba a empezar una vida en común con la mujer que más amaba en el mundo y quería que todo estuviera perfecto. En los años ochenta era raro que una pareja conviviera antes de casarse así que con más motivo deseaba que no se le escapara ningún detalle.

A la mañana siguiente, Carlos despertó y volvió de nuevo al apartamento. Se casaba a las dos de la tarde y todavía podía dedicar unas cuantas horas a seguir colocando cosas.

Pepa no había pasado una buena noche. La intranquilidad perturbó sus sueños y se levantó cansada. A las diez de la mañana su amiga Ana tocó l timbre. Ella era la que iba a peinarla y maquillarla. El vestido estaba listo y solo había que esperar a que las agujas del reloj fueran avanzando.

Solo faltaba una hora para la ceremonia. El día no podía haber sido mejor. El sol estaba radiante y hacía calor. El padre de Pepa, Miguel, entró en la habitación de su hija. Sus miradas se cruzaron y ambos comenzaron a llorar. Era un momento muy especial para e iban a compartirlo juntos.  Todo estaba listo, lo único que faltaba era montarse en el coche e ir hacia la iglesia. Con los nervios a flor de piel Pepa les dijo a todos:

–          Vamos primero a dar una vuelta y luego si eso vamos a la iglesia.

Todos los que estaban en la habitación se quedaron perplejos.

–          ¡Cómo que vamos a dar una vuelta!”– exclamó su padre mientras le cogía del brazo – Anda, no te preocupes y vámonos ya porque llegamos tarde.

Pepa se aferró a su progenitor y salió de la habitación sin rechistar.

Carlos y su familia ya estaban esperando en la puerta de la iglesia de San Juan de Ribera de Madrid. Él no había tardado mucho en arreglarse. Después de toda la mañana en el apartamento, había llegado a casa con el tiempo justo para ponerse el traje. Estaba en las escaleras mirando el reloj. “Ya tiene que estar a punto de llegar. Son las 14:10”, pensaba.

Un enorme coche negro paró delante de la puerta. “Ya está aquí. No me ha hecho esperar mucho”, sonrió. Pero su sonrisa desapareció cuando del vehículo comenzaron a salir todos los familiares del pueblo de Pepa. Todavía tendría que esperar un poco más.

Veinte minutos después…Un nuevo coche aparcó delante de la iglesia. “Ahora sí”, se dijo Carlos. Los tiradores de las puertas estaban adornados con pequeñas flores. Primero descendió su suegro que corrió hacía una de las puertas del coche. La abrió y Pepa descendió del vehículo con alguna que otra dificultad. Llevaba un vestido precioso bordado con algún que otro brillante. El pelo suelto coronado por una pequeña tiara que sostenía el largo velo.

Pepa buscó a Carlos y por fin sus miradas se encontraron entre la multitud. Él no podía para de sonreír estaba feliz, sabía que Pepa era la mujer de su vida. Ella se calmó al verle y lo único que quería era caminar hacia el altar para unirse al que se convertiría en el “compañero de este viaje llamado vida”, como le gustaba decir.

La ceremonia dio comienzo. Carlos entró por el pasillo nupcial del brazo de su madre, Loli, y Pepa, entró unos minutos después. La ceremonia fue rápida y Pepa se confundió al pronunciar la temida palabra “fidelidad”. Pero eso se quedó en una mera anécdota que recordar. Lo importante es que veintiocho años después Pepa y Carlos siguen queriéndose como el primer día.

Carlos y Pepa son los padres de esta humilde cuentacuentos que quería darles una sorpresa por su aniversario 🙂. Para mi son todo un ejemplo a seguir. Un ejemplo de que el amor verdadero existe pero también de que el amor no es algo fácil. Hay que cuidarlo, entenderlo y protegerlo. Es como una carrera de fondo. Por ello, para cerrar este post me quedó con la respuesta a la última pregunta que les hice para elaborar esta parte de su historia.

¿Qué significáis el uno para el otro después de todos estos años?

“Aún le miró y sigo viendo a ese chico del que me enamoré, mi ‘manzanita’. No puedo imaginar mi vida sin compartirla con tu padre. Además, cada día que pasa estoy más enamorada de él y me encanta como le quedan esas arruguitas. ¡Está muy sexy!”

“Tu madre es mi vida, mi compañera, mi amiga, la madre de mis hijos. Me encanta estar envejeciendo a su lado y espero seguir haciéndolo. No puedo vivir sin ella y si la perdiera no sabría qué hacer”

(Texto: Bárbara Cervigón/Ilustración: Enrique U.Schiaffino)

8 Comments
  • Vero Marca

    septiembre 9, 2012 at 9:26 pm

    Es una historia preciosa!!!! Felicidades chicos!!

    • cuentosdeboda

      septiembre 15, 2012 at 4:32 pm

      Muchas gracias Verónica 🙂

  • Macarena

    septiembre 9, 2012 at 10:37 pm

    Qué bonito homenaje Bárbara… lo que más me emociona es que sigan enamorados y queriéndose tanto!! que difícil parece… FELICIDADES FAMILIA 🙂

    • cuentosdeboda

      septiembre 15, 2012 at 4:33 pm

      Es difícil pero se puede conseguir! solo hay que echarle ganas ;). Muchas gracias Macarena

  • Diana

    septiembre 10, 2012 at 7:53 am

    No había podido leerlo hasta ahora, os ha quedado precioso!!! Ole, ole y ole artistas!!!

    • cuentosdeboda

      septiembre 15, 2012 at 4:34 pm

      Gracias Diana!! Cuando las cosas se hacen con cariño se nota, tú ya lo sabes 😉

  • Envidien Mi Boda

    noviembre 3, 2012 at 11:58 am

    Me he emocionado con tus palabras y con la historia de tus padres. Un regalo para ellos.
    Uf… voy a por un pañuelo!!!
    Mil gracias por esta bonita historia

    • cuentosdeboda

      noviembre 11, 2012 at 1:47 pm

      Gracias guapa! ellos son mi gran ejemplo 🙂