El desconocido de la línea 29

El desconocido de la línea 29

Eran las siete de la tarde. Para Marta había sido un día duro. No había parado de dar clase y estaba agotada. Salió del instituto y se dirigió a la parada de autobús. Trafalgar Square estaba lleno de personas que se dirigían a sus casas corriendo para cenar.

Su autobús era el número 29 que iba desde la famosa plaza londinense hasta Wood Green, el barrio donde vivía. Después de unos minutos esperando, el vehículo rojo llegó. Había muchos pasajeros que iban delante de ella. “Otra vez me voy a tener que pelear con alguien para coger sitio”, pensó. Pasó su Oyster Card para pagar el billete y recorrió el largo pasillo. Mientras llegaba al final se fijó en alguien. Un chico moreno, delgadito, con rasgos asiáticos y que iba escuchando música en su iPhone. Una chispa le recorrió de arriba abajo. “¿Qué te pasa Marta?”, se preguntó a sí misma.

Casi había llegado a la altura del desconocido cuando para su sorpresa se dio cuenta de que había dos sitios vacíos. Uno al fondo del autobús y otro…al lado del chico misterioso. Para disimular, optó por sentarse al fondo del bus. No podía quitar los ojos de la nuca de aquel chico. Intentaba distraerse mirando al resto de pasajeros cuando reconoció a una de sus alumnas. Ella estaba sentada en la misma línea de asientos que el desconocido, el asiento seguía vacío. No se lo pensó dos veces y fue a hablar con ella.

– Mary, hoy no me has entregado el trabajo – la sorprendió
– Hola profesora. No la había visto – contestó la niña – Pero sí que le entregué mi trabajo, se lo prometo.
– No. No me lo has entregado –insistió Marta entre risas

La divertida discusión llamó la atención del desconocido que sonreía cada vez que Marta le repetía a la pobre niña que no había entregado su trabajo. Pasados unos minutos, la alumna de Marta dijo: “Bueno profesora, me bajo que esta es mi parada. Le aseguro que le di mi trabajo”. Ambas se despidieron y Marta se quedó sentada al lado del chico. Él se giró y se la quedó mirando.

– ¿Qué pasa? – le preguntó ella

Él sonreía. Marta insistió.

–  ¿Pasa algo?¿Tengo monos en la cara?
– Ha sido divertido – dijo el chico
– ¿El qué?
– La riña con esa niña
– Es mi alumna
– ¿Ah sí? – preguntó interesado
– Sí, soy profesora en el Instituto
– ¿Y de qué das clases?
– Doy diseño gráfico y 3D

El desconocido se quedó perplejo.

– Y además, diseño videojuegos – apuntó Marta muy orgullosa.
– ¡¿Qué diseñas videojuegos?! – exclamó sin salir de su asombro.

Ambos empezaron a hablar animadamente. Parecía que tenían mucho en común. Él era amante de los videojuegos desde niño y le encantaba el diseño. Tanto tenían que hablar que el chico misterioso se saltó su parada para poder quedarse con Marta un rato más. Cuando llegaron a la parada de Wood Green, ambos descendieron del autobús.

– ¿Te apetece venir a mi casa y seguimos charlando? – le preguntó Marta pensando “¿Qué demonios estoy haciendo?”.
– Vale – contestó él- Por cierto, me llamo Tan y soy de Vietnam. ¿Y tú?
– Marta

Ambos estuvieron hablando y jugado a videojuegos hasta las tres de la mañana pese a que al día siguiente tenían que madrugar. Todo había sido muy extraño pero ninguno de los dos podía negar que conectaban. Algo fuerte había surgido.

De esto han pasado ya casi tres años. Actualmente Marta y Tan viven juntos en Londres. Se adoran y quieren con locura, y una prueba de ello es su pequeño Diego. Gracias chicos por compartir parte de vuestra historia con nosotros y, por hacernos ver que el amor esta donde menos te lo esperas :).

Si tú también quieres compartir tu historia de amor anécdota de boda o algún momento romántico, escríbenos a blog@cuentosdeboda.com.

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